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martes, 27 de agosto de 2013

Leer puede perjudicar seriamente la salud.



Fumar es perjudicial para la salud. Es la etiqueta que aparece en todas las cajetillas de cigarrillos y nos ponen unas fotos horribles para intimidar a los amantes de este vicio que es un placer para unos y una tortura para otros. Yo no fumo. Quizá algún cigarrillo “social” de vez en cuando por aquello de que me gusta tontear con posturas y gestos que sin uno de ellos en la mano, quedarían muy ridículos. Tengo una imagen muy cinematográfica de las mujeres fumadoras, sensuales y misteriosas como la de las antiguas divas del cine enredadas sus miradas gatunas en las volutas de humo. Ahora está mal visto fumar, claro. Fumar es perjudicial para la salud, por eso en mis vacaciones más que fumar, leo. Que es lo más in del mundo. Lo más moderno, lo más políticamente correcto y por supuesto, lo que más disfruto.
Ahora bien, creo que para las tiradas de verano las editoriales podrían incluir que Leer compulsivamente también es perjudicial para la salud. Y qué es leer compulsivamente para mí, pues… considerando que he tenido unos veinte días de vacaciones y he leído diez libros con un promedio de trescientas páginas por obra, ya pueden ir sacando la cuenta. Leo rápido y para colmo tengo memoria fotográfica por lo que retengo páginas enteras en la memoria a las que puedo acceder con solo cerrar los ojos. Y cuando mi lectura escapa a la literatura infantil y juvenil, leo sobre todo novela negra. Al menos seis títulos de este verano eran de autores nórdicos. Para paliar el estrés de la lectura de novelas de vez en cuanto me pasaba al álbum ilustrado que por supuesto no están contabilizados entre los diez que mencioné antes.  
Eso sí, para no dejar ningún formato afuera, pasaba del papel al libro electrónico y vuelta al papel.
Lectura en la playa, lectura en el baño, lectura a la vera del río, en la sierra, lectura antes de dormir, lectura a la hora de la siesta. Empacho de lectura.
La selección de libros fue bastante buena, salvo por dos de ellos que descarté entre las páginas cinco y veinte.
Tengo una lista de contraindicaciones de la lectura compulsiva que quiero compartir con vosotros, a saber: mareos, dolor de cabeza, pérdida de la definición de contornos al levantar la vista de la página y tratar de enfocar el mundo que le rodea, enajenación temporal. Incomunicación parcial con otros miembros de la misma especie o de otras (léase mascotas que maúllan, muerden o arañan porque están hartas de que no le preste atención).
En resumen, leer es un placer, pero al igual que el cigarrillo, puede perjudicar seriamente la salud.
Eso sí, ¿Quién me quita lo leído?
Para terminar, una reflexión profunda:  
Todo vicio perjudica no solo la salud física, sino la emocional y también la social. Ahora los dejo que estoy en la mitad de  La verdad sobre el Caso Harry Quebert  de Joël Dicker
¿Alguien sabe qué hora es?